El campesino y su azada

El profesor nos ha pedido que hagamos la segunda parte de un cuento muy famoso El campesino y su azada.
A un campesino se le cayó su azada al río y, apenado, empezó a lamentarse.
El Rey de las Aguas apareció ante él y, enseñándole una azada de oro, le preguntó:
— ¿Es la tuya?
Respondió el campesino:
— No, no es la mía.
El Rey de las aguas le enseñó una de plata.
— Tampoco es esa —dijo nuevamente el campesino.
Entonces el Rey de las Aguas le llevó su propia azada de hierro. Cuando la vio, dijo el campesino:
— ¡Esa es la mía!
Como recompensa por haber dicho la verdad, el Rey de las Aguas le regaló las tres azadas.
De vuelta a su casa, el campesino enseñó sus regalos y contó aquella aventura a sus amigos.
Uno de ellos quiso hacer lo mismo.
El rey de las aguas se le apareció ante sus ojos y le preguntó:
— ¿Es tuya esta hacha de hierro?—
Respondió el leñador:
—No, no es mi hacha.
— ¿Y esta de plata?—
— ¡Si, esa es!—
Salió el rey de las aguas y le dijo:
— ¡Mentira!, por que esa no es tu hacha porque la tuya es de bronce. Por castigo no te doy las hachas.—
FIN La avaricia suele tener malas consecuencias

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